Diálogos internos.

– Puede contarme qué le pasa, si así lo desea.

– Puede usted meterse en sus asuntos, si así le place.

– Pero es usted quien ha venido aquí, algún motivo tendrá, ¿no?

– A lo mejor no, a lo mejor es porque me he leído un libro que aparecían situaciones parecidas a estas y quería ver que se sentía.

– ¿Qué se sentía al tener un diálogo imaginario?

– No tiene nada de imaginario.

– Pues en ese caso, ¿pretende que sea amable con usted y que me hable y le responda con cierta cordura si no pone nada de su parte?

– Pretendo analizarme un poco y ver qué me pasa.

– ¿Qué tal si te da por ver a la gente que tienes a tu alrededor y disfrutar de los días?

– Como por ejemplo, tomarme unas cañas, salir un poco de fiesta y a parte conocer más gente ¿no?

– Sí, pero no puede ser que cada vez que salgas te tengas que beber todo lo que puedas, que luego los dos salimos perjudicados.

– Bebo para no pensar y me olvido de para qué bebía, entonces pienso que era buena idea y sigo.

– Pero los pensamientos son como un barco de acero lleno de aire. Puedes inundarlo todo lo que quieras que luego vuelven a flotar.

– Vaya mierda de metáfora.

– Visto así, es también tuya.

– Gracias “Doctor”.

– ¿Gracias?

– Sí, me ha ayudado mucho.

– Ahora soy yo quien no te sigue. ¿En qué te he ayudado?

– No es que me hayas ayudado, es que me doy cuenta de que no te soporto.

– Eso quiere decir que no te soportas a ti mismo.

– Touché.

– Chapeau.

– Que te jodan.

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