Sueño autorreferente.

Sueño con un mundo que no comprendo plagado de recuerdos que no son mios. Tengo grabado a fuego hechos que jamás veré. Textos de otros interpretes de sus propios sueños. Imagenes irreales que para mi son recuerdos. Ahora os contaré mi sueño.

Voy tocando un instrumento en vagones de metro  de la ciudad en la que vivo. Toco un acordeón junto a mi mujer. Intento sonreir lo más que puedo y veo cómo la gente agacha la cabeza. Es el unico recurso que tenemos. Mis hijos ya volaron. La gente esquiva mi mirada y mi sonrisa. Mi sonrisa es más bien falsa menos cuando recuerdo tiempos de la infancia y evoco las mejores canciones que sé tocar. Hasta ahí todo lo normal que pueda llegar a ser. Un día, de repente, en estos sueños consecutivos me veo a mi mismo agachando la cabeza al verme a mi mismo. La sensación es horrible, nauseabunda, me produce angustia. No puedo seguir tocando. Me voy sin despedirme de mi mujer. La dejo en el metro. Me he visto a mi mismo rechazándome. O acaso aquel que vi es un sueño. Acaso el sueño es lo real.

También sueño que soy otra persona bien vestida. Llevo traje y corbata. La corbata es a rallas y tiene unos bonitos colores. La camisa es de buena marca y los zapatos están impecables. Llevo un maletín con papeles que conforme voy viviendo esta vida empiezo a recordar de qué tratan. Soy un contable de una gran empresa y llevo la agenda de mi director. Estos papeles son importantes.
 
Son las siete y cuarto de la mañana de un día cualquiera entre semana. Ahora estoy relajado pero sé que mientras el día va desarrollándose empezaré a estar más y más inquieto. Ahora que lo pienso empiezo a estarlo. Me rasco la cabeza. Me relaja. Me toco un ojo minetras hago guiños. Me relaja. Me tengo que rascar otra vez porque sino me pongo nervioso, me vuelvo a relajar. La camisa me molesta. La corbata me asfixia, la aflojo un poquito, me rasco el cuello, miro a la gente. Espero que no se fijen en mí, me muevo mucho. Ése me está mirando, intentaré estar quieto. Me pica la cabeza otra vez, aguantaré. Me agobia la corbata y la camisa. No puedo llamar tanto la atención, la gente me mira. ¿Miran porque me muevo o simplemente me cruzo en sus miradas? Tengo picores y de pensarlo me pica todo más. Me rasco la nariz, aspiro fuerte por la nariz, suspiro. Me agobian hasta los dedos de los pies encerrados en los calcetines y atados por los zapatos. Mis pies tienen calor. Me molesta el cinturón y me aprieta la camisa, esto es horrible.
 
Ése quien es y porqué me mira tanto y cuando le miro se gira y cuando me mira me giro y cuando me gira se miro. Soy consciente de que soy un tipo nervioso, pero lo que más nervioso me pone es verte a tí. A mí, veo al que soy que me mira. ¿Porqué estoy ahí? Vuelvo a sentir las nauseas. Esto es muy extraño, las personalidades son fuertes. Me conozco de vista pero algo dentro de mí me dice que qué extraño verme. Despierto.
 
Una de las curiosidades de cuando me despierto es que adquiero hábitos de la gente con la que he soñado. Si soy el músico del acordeón pienso parecido a el, me sumerjo en la tristeza de la pobreza. Tengo esa canción pegadiza que nunca antes había escuchado en mi cabeza. Si me despierto tras soñar con el tipo del traje tengo picores y una ligera sensación de paranoia…
Así voy viviendo, sueño que soy gente que me cruzo en el propio metro.

Y luego despierto.

Sigo mi rutina y desayuno si me despierto a tiempo. Me ducho si tengo tiempo y salgo corriendo de casa porque no tengo ese tiempo. Camino por la calle y me hundo en las entrañas de la ciudad para coger el vehículo más caliente de toda la ciudad condal. El metro. Ahora soy consciente, no estoy en esa nube en la que se está de irrealidad de un sueño. Sé que estoy despierto porque lo sé. Todos sabemos cómo son las cosas cuando se está despierto. Llega el vagón, para el tren, abro la puerta, me introduzco. Veo un tipo curioso bien vestido con un maletín. Un tipo nervioso que se rasca y tiene tics. Yo estoy muy dormido y me quedo fijándome en el. El tipo me mira, yo caigo en que estoy embobado y giro la mirada. Por el rabillo del ojo veo que me mira y giro la cabeza. El gira la suya y me mira de reojo. Se rasca, se relaja. Respira y se rasca otra vez y se afloja la corbata y pega pataditas al suelo como si sus pies estuvieran agobiados. Conforme pasan los segundos caigo en que conozco esa sensación. Lo has leido más arriba. Sabemos el final. Pero yo no tengo esas náuseas. Ahora me imagino que pasará un tipo con acordeón de esos que son estridentes. En efecto. Cuando me mira ya le conozco. Agacho la cabeza porque todo me resulta extraño. Ya sabemos que el tipo se va.

De manera confusa llega mi parada o yo llego a ella. Hago mis obligaciones contractuales y me marcho. Vuelvo a coger el metro, me introduzco en el vagón y una vez dentro recuerdo todo lo ocurrido ocho horas antes. El estómago se me revuelve. No he comido mucho desde que llegué al trabajo y estoy algo cansado.

Miro la hora, me rasco, me acuerdo de una canción, me apretan los cordones y pienso en aquella mujer de ojos tristes. Alzo la mirada y veo subir a un tipo.

Nada mas verlo me agarro a la agarradera que para eso está. El no se fija en mí pero yo lo tengo muy visto. Sé dónde va y sé que va a hacer y sé que piensa y sé que va a tener la misma sensación que yo en unas ocho horas aproximadamente. Viste como yo porque soy yo. Se parece a mi porque el es yo. No estoy en esa nube en la que se está de irrealidad de un sueño. Tengo la sensación que puedo decidir si despertar o no. Tengo esa sensación cuando estoy despierto. Me miro en el reflejo y me veo a mí y a mi yo mismo. Me quedo pensando y decido probar a despertar.

Y luego despierto.

Hoy me he despertado antes y he desayunado. Me he duchado porque he tenido tiempo y en vez de correr he caminado. Con energía por el buen despertar me deslizo y no me hundo en las entrañas de la ciudad. Cojo el metro y me deja introducirme en el. Recuerdo eso que fue un sueño. Veo a ese tipo curioso bien vestido y al colega del acordeón. Miro de reojo y el tipo nervioso se está volviendo loco, yo sé porqué. Lo que yo he vivido el también lo ha hecho. Y me ve a mi que le miro embobado y me doy cuenta y me ve a mi que evito mirarle pero es inevitable echarle una miradita. Ve que también me miro a mi mismo y miro la hora. Ahora es el momento en que me miro y me agarro a la agarradera que para eso está. Evito cruzarme la mirada y evito pensar en lo mal que lo estoy pasando. Veo como intento despertar en tercera persona. ¿Ahora que va a pasar? ¿Desaparezco? ¿Cual de yo mismo desaparecerá en todo caso? ¿Qué cojones es esto?

Miro a la gente de alrededor. Todo el mundo mira para otros sitios, vuelvo a donde debería estar yo y ya no estoy. Habría estado bien haberlo visto. Llego a casa y escribo esto.

Neonautorreferente.

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