Últimos momentos.

Últimos momentos de Herb Clutter. Libro: A sangre fría. Escrito por: Truman Capote. He relatado en primera persona lo que para mí serían su visión de los hechos.

Empieza aquí:

Qué bien sale mi hija. Se le ve un poco nerviosa, pero apenas se nota, se sabe el papel de memoria, como si ella lo hubiera escrito. –Estás preciosa, una verdadera belleza del sur. –Realmente lo está, cómo crecen. Es imposible acostumbrarse al paso del tiempo. Dentro de nada se estará marchando de casa.

Ése maldito cerdo prebisteriano pretende beneficiarse a mi hija. Entiendo a estos adolescentes pero no me da buena espina tanto compromiso. ¿Porqué le ha regalado ya un anillo? No se porqué hago esto pero dejaré que hoy salga hasta más tarde. Se lo merece, ha estado fabulosa en la obra.

Me está costando un dolor de cabeza dormirme. ¿Cómo puede ser que lleguen a las dos? Contrólate Herb. Tengo que hablar con ella. La noche no es buena consejera, mañana hablarás con ella.

Por suerte Nancy es una buena hija y me puedo fiar de su palabra. Ha entrado en razón. ¿No se da cuenta de que si su novio es católico y nosotros metodistas no podrán llegar a ningún lado? A la larga será peor, la ruptura será más dolorosa. Creo que ha entendido lo que le quiero decir. Cómo la quiero.

Estamos a día 14 de Noviembre de 1959 y son más de las siete. Por suerte es sábado y puedo pasar el día con mi familia. Bonnie parece que se encuentra mejor, o es simplemente un momento de lucidez. Pobre Bonnie, cómo ha sufrido con los embarazos. Ojalá se recupere y se ponga mejor. Recuerdo cuando empezaba a cocinar ya que Bonnie no podía. Ahora Nancy me ayuda. Cada vez me gusta más cocinar. Por lo menos de esta forma nos unimos más Nancy y yo.

Una manzana y un vaso de leche, no quiero más. Igual me vendría bien un café. No, mejor no, no voy a caer por haberme despertado más tarde que de costumbre. –Hola Teddy, buen chico. Hay mucho dinero en ese granero eh Teddy. Recuerdo cuando llegué a estas tierras y nadie daba un dólar por mi granja. No hay nada que no pueda sacarse con trabajo duro. Como siempre digo: Aprende a hacer haciendo.

–Hola Babe, ¿quieres manzana? Qué grande que eres ya Babe, qué grande.
–Qué hay Alfred, anda con Dios. –Vaya, parece destrozado. Es duro tener un hijo así toda una noche. –Tómate la mañana libre, si podemos hacer algo por tu hija no lo dudes, para eso estamos. –Qué buena gente este Alfred, me alegra saber que no bebe ni fuma.

–¿Qué pasa Teddy? –Quién será esta gente. Cazadores, hacía tiempo que no venían cazadores. Dejaré que campen a sus anchas, tampoco me molestan. Bueno, a trabajar se ha dicho. Ahora que lo pienso, tengo que despertar a Nancy que ya es tarde, aunque me ha dicho la señora Katz que la deje dormir. Le haré caso que ayer llegó a las dos y se merece un descanso la verdad.

Kenyon, curioso nombre, no sé cómo me dejé convencer por Bonnie para ponerle este nombre. En fín, a ver que tal le van las matemáticas que parece que necesita un poco de ayuda. Dios, no me acuerdo de cómo se hacía esto. A ver, me llevo dos, mas uno de antes, en total son tres más pero recojo una […] Esto es imposible, y menos con esos dos discutiendo. Han notado el humo. Espero que no se hayan dado cuenta de que he sido yo. Seguro que también fuman. No soporto que discutan. –Basta ya, esto es un despacho. Me voy a dar una vuelta y me fumo un cigarro de puro sabor americano. Que no se me olvide, hoy tenemos reunión del club 4-H de Finey Country.

Me gustan estas reuniones, me hacen sentir útil. Ayudarnos entre nosotros es lo mejor que nos puede pasar. Somos una comunidad. Creo que hay que ayudar a la esposa de Hideo Ashida, se la ve más apartada que de costumbre. –Ahora quisiera decir algo acerca de uno de nuestros socios adultos […] –Esta mujer es pura bondad. –Vamos, que la llevo a casa a usted y los niños.

Me parece curioso eso de regalar unos dientes de oro, a mi también me haría ilusión. –Me parece muy buena idea que le regale a su marido unos dientes de oro. –No puedo creerme que se vayan, son útiles para la comunidad, son buena gente, somos una gran familia, le digo. Esta mujer sólo tiene buenas palabras para mí, es encantadora. Hablar en público es horrible, me pongo nervioso, me sudan las manos, me tiembla la voz, pienso y no digo. No sé cómo me ve tan seguro a la hora de hablar en público. Alguien tiene que hacerlo de todas formas.

Estoy pensando que quizás sería buena idea hacerme un seguro de vida. Si algo me pasara Bonnie no podría hacerse cargo de toda la finca, y los niños no parecen muy dispuestos a quedarse en el pueblo. Una pena. Esto de las ciudades no va a sentar nada bien al campo. A ver dónde está mi talonario. Desde que el corte de pelo subió a un dólar con cincuenta no pienso pagar en otra cosa que no sea con talonarios. Así no tendré ningun problema con los impuestos.

Sonríe raro el representante de Garden City de la Compañía de Seguros de Vida Nueva York. Parece que nunca ha visto firmar un cheque. Cuarenta y ocho años y me conservo como un toro, o eso me dice Johnson. –La verdad es que me encuentro perfectamente y lleno de optimismo. Tengo la impresión de que en estos años que vienen, podremos hacer mucho dinero en esta región. –Parecía intranquilo este hombre, no creo que cada día haga un seguro de cuarenta mil dólares. No se puede quejar.

Bueno, voy a ver qué podemos hacer hoy para comer. Hoy tengo ganas de cocinar algo diferente, me siento bien, todo marcha viento en popa. A ver si Nancy quiere ayudarme. Unas patatas al horno y unas buenas piezas de carne, seguro que Kenyon se vuelve loco. El postre ya está servido, Nancy ha hecho uno de sus famosos pasteles. De cereza otra vez. Si lo sé no compro para hacer pastelitos de coco, con lo bien que me salen.

Una comida fabulosa. –¿Qué hora es Bonnie? –Las once ya, hora de retirarse. –Me retiro cariño, hoy ha sido un día muy largo y mañana hay que trabajar. –Buenas noches cariño. –Buenas noches chicos. –Me alegra que Bonnie esté recuperándose, le veo mejor cara, pobre mujer.

Estos chavales, siempre se dejan la luz encendida. Odio tener que levantarme y apagar las luces. Creo que me voy a construir un interruptor del pasillo aquí en mi habitación, me ahorraría muchas idas y venidas. A dormir se ha dicho, mañana será otro día.

–Hola cariño, ¿cariño?, ¿que tal si me miras a los ojos? Oye, ven aquí, ¡no te vayas! Qué raro, en todo momento estaba de espaldas por mucho que diera la vuelta alrededor de ella. –Babe, qué grande estás y que raros ojos rojos que me llevas. ¿Dónde vas? ¿Hypeoqué? ¡Hyperion! No entiendo que me dices, ¿desde cuándo hablas? ¿Porqué quieres que vayamos a las llanuras de Hyperion? ¿Qué es eso? Esto es alucinante, voy a lomos de mi vieja llegua alada y estoy en la oscura noche sin tocar suelo. ¿Desde cuando mi yegua es alada? ¿Qué es eso? ¿Si? ¿Hola? –Dios Santo, estoy en tierra, ¿cómo he llegado aquí? ¿Cariño? ¿Otra vez? ¡Hablame! ¿Quién me llama? ¿Si? –Necesito ayuda, tengo miedo, no puedo respirar.

¡Wow! que sueño más extraño. ¿Qué será eso de Hyperion? No me suena de nada. –¿Cariño? ¿Eres tú, cariño? –¿Qué? Me llaman. ¿Qué pasa aquí? –¿Quién es? ¿Qué quiere? –Les haré caso, vamos al despacho. Aún no he visto sus caras. ¿Quiénes serán?

–¿Qué caja fuerte? –Estoy en problemas, son ladrones y buscan una caja fuerte. En mi vida he tenido caja fuerte. Se están poniendo nerviosos. En mis cuarenta y ocho años de vida nunca me han hablado así. Que Dios se apiade de sus almas, no tengo caja fuerte, no puedo hacer nada. –Lo siento señor, no dispongo de ninguna caja fuerte en mi propiedad. –Cada vez está más alterado, esto no llevará a buen recaudo. –No por favor, no cortes los teléfonos, no consigo decir. Estoy aterrado.

No saben que hacer, me mandan de un lado para otro, esto no tiene sentido, no puedo ayudarles y creo que Nancy se ha despertado. Oh Dios. –Arriba sólo están mi mujer y mis hijos. Tengo algo de dinero suelto, pueden quedárselo. –Tengo suelto dinero algo en mi cartera. –Cálmate Herb. –Siempre pago con cheques, no me gusta utilizar el dinero. Sólo trae problemas. –No molesten a mi mujer, hagan el favor, está muy enferma. –No escuchan, están enfermos. Esto es una pesadilla.

–No comprendo por qué hacéis esto. Yo jamás os hice daño. Ni siquiera os he visto nunca. –No quiero decirles dónde están las habitaciones de mis hijos y mi mujer. Tengo que hacerlo. ¿Porqué? ¿Porqué está pasando esto? –Oh Bonnie, que guapa es. –No tengas miedo, cariño. Todo va bien. Estos hombres sólo quieren dinero. –Por Dios, que tenga algo de dinero y así se marchan. Oh, mierda, no tiene dinero encima. Esto se está convirtiendo en un problema muy grande. –Ya les he dicho que no. No hay dinero.

El tal Dick está muy alterado, no está en sus cabales. No sé que estarán hablando pero no me inspira confianza. –Tranquila Bonnie, todo va bien. –Están sacando una silla. La meten en el baño. –Cariño, esos hombres no quieren hacer daño a nadie. Todo lo que quieren es dinero. –Ojalá sea cierto, están muy nerviosos. Bonnie, estoy muy nervioso, no le digo.

No va a pasar nada, están nerviosos, no va a pasar nada. ¿Qué? –¿Qué? No por favor, no me separen de mi familia. –Lleva una navaja, tranquilo Herb, están nerviosos, no tiene porqué pasar nada. Vamos al sótano e intentaré hablar con él.

Estamos en el sótano, me obliga a sentarme. Me pone la caja de un colchón, es extrañamente amable. Me ata de pies y manos. Será posible, me ha preguntado si me aprieta. Esto carece de sentido. –No me aprieta. No hagan nada a mi mujer. Hace años y años que está enferma y empieza a encontrarse mejor. Un susto así puede provocarle una recaída. Por favor, no le hagan nada. –Se ríe.
Hijo mío, Keynon. Cómo te encuentras. No soy capaz de decir las palabras que pasan por mi mente. El ladrón no se fía. Qué extrañas piernas que tiene. Se lo lleva, ¿dónde se lo lleva? Oigo a mi mujer llorar, no sé que está sucediendo, oigo pasos. Alguien está en la habitación de Nancy. Dios mío, que no le hagan nada. Mi niña.

–¿Cómo está mi mujer? ¿Está bien? –Me han amordazado, es una sensación horrible. Me responde que está bien y que no va a pasar nada. Todo es un mal sueño, están nerviosos. No saben qué hacer y por eso nos atan. Mañana nos encontrarán y todo habrá pasado. Están discutiendo, me da mala espina. Coge el cuchillo. ¿Nos van a desatar? Qué miras. ¿Porqué te arrodillas ante mí con ése cuchillo? Oh Dios, lo ha hecho.

Está fría, hay calor, Dios, no, no, no puede ser, me ha cortado, me tiembla el cuerpo, me siento más débil. Qué tacto, qué sensación. Qué extraña sensacion la sangre cayéndome por mi pecho. Oh no, es el fín. Bonnie, niños, dejadlos en paz, por favor, ellos no han hecho nada. Estoy a sus brazos señor. Expiro ahora.

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