Ganchillo extremo.

El aire acaricia tu cara, tus cortos cabellos en mi caso, largos en aquel que los tenga, alzas la vista, brazos en cruz, y ves el horizonte, sol, nubes, no ves el suelo.

Estás situado sobre una barandilla, una cuerda con un arnés te sujeta a tí mismo, pues no te sientes sujeto a nada. Miras abajo, y ves un rio, lejos, marchar con sus aguas nerviosas por irse a la mar.

Piensas en dar el salto, no, aun no, venga, tienes que hacerlo, cuesta mucho, cuanto más lo piensas es peor porque más dudas tienes, estás preparado y no lo estás.

Te viene un ligero mareo sano de vértigo precedente al salto que te va a hacer un hormigueo en las entrañas de cojones. La mejor forma de saltar es no pensar.

No saltas, sino que te dejas llevar por esa brisa en ese día templado hacia delante, no hay marcha atrás, estás cayendo, pero eso no es todo, falta la sensación que tienes que disfrutar, que tiene que asustar mientras flipas literalmente en colores…

Eso es lo que me imagino que tiene que ser hacer puenting.

Hoy con mi hermano nos inventamos la modalidad Ganchillo Extremo, que sería hacer ganchillo, tapetes, a velocidad del trueno mientras haces puenting, mientras esquías espoleado por el diablo, mientras bebes chupitos como si fuera el fin del mundo. Hacer tapetes en situaciones extremas, bajando laderas de montañas mientras entrechocas las agujas. Se cae el ovillo de lana, lo cojes jugándote la vida, pierdes una mano a 300 Km/h atravesada por una aguja, pero todo es poco para acumular sensaciones.

Ya no se ni lo que digo.

puente

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